jueves, 10 de septiembre de 2015

Erario de Luces Muertas, 11.





11.


Donde el poeta sugiere un sueño



    Manantial de rapsodias transparentes,
la quietud ataráxica
de un grupo de bañistas dieciochescas en los márgenes.
Verso flotante, embarcación apenas
en que navegan hombres y plumas,
y entretanto yo, vestido de sombras,
cincelo unos cabellos rubios con los labios.

    Pequeño estanque impresionista,
luz, luces, temblor de brillos fatuos,
condecoración al tiempo: brisa.
Qué laico andar de gentes descalzas,
los pies bautizados por momentos;
qué utopía desacostumbrada.

    Imagen indeterminada de un recuerdo,
de una fuga breve e imprecisa,
de un soñar pausado que reflejado en letras
ofrece su verdad inquieta,
su olvidada cadencia.





miércoles, 9 de septiembre de 2015

Transitaria, 14.




En las montañas de la locura, ó
Cómo invadir la Península del Yucatán sin despeinarse
(Poema Algebraico)



La inmaculada neutralidad de los radicales libres según Valle-Inclán


    Ni la Meditación ni la Contemplación pueden en ningún caso conducir a la estúpida idea de que la muerte o la vejez son rechazables, y por ende hay que ser tonto pero que muy tonto para tratar de luchar contra el cambio el devenir sobre todo en cuanto que toda lucha es cambio y por tanto luchar contra la lucha no deja de ser otra lucha que en antinómica estupidez se delata. La Numerología, sin embargo, enseña que el autor de todas las cosas es una cifra, acaso del amor, cantidad definida en la calidad cual binomio activo-reactivo que evidentemente se halla aquí citado aunque fuera de lugar. Utopos: variación onomatopéyica del centro político y social. Dícese de la intersección sexual de dos seres del mismo género aunque opuesto, cuando los delirios de grandeza vienen sobre mi balcón sus nidos a colgar. Hasta aquí hemos llegado. Dios salve a la Reina. A finales del siglo XIX el Rey Su Majestad Elevadísima Alfonso XII regaló en el día de su boda a su Augusta Esposa una sortija que llevaba engarzado un magnífico ópalo (omphalos), y sucedió mira tú por dónde que la Reina palmó al poco tiempo. Sic. Antes de los funerales, el Rey (¡viva!) ofreció la sortija a su hermana, que la diñó dos días más tarde. Esta sortija fue entonces regalada por el Monarca (sospechoso) a su cuñada, que abandonó nuestra dimensión a los tres meses. Inquieto, y algo resentido tal vez, a causa de los inexplicables sucesos y de los repentinos fallecimientos, decidió el Rey portar él mismo la excelsa joya, pero he aquí que sobrevino su óbito en plazo muy breve (¿suicidio?). La Reina Regente consideró entonces mucho más prudente depositar la joya sobre el cuello de la estatua de una Virgen, acallando así la negra fama de la piedra que hoy ya nadie sabe dónde coño está. Dicen los hados blancos, hablando de piedras, que la geniana posee el poder de atormentar a los enemigos de aquellos que la poseen. Acudamos a la ciencia: Tabula Smaradigna, del muy majete Hermes Trismegistos.[1] La filosofía puede, y debe, confrontarse unilateralmente con el resto de disertaciones humanas, y en verdad extiende su inherente orgullo a todas las cosas, vivas, inertes o absurdas. Así, pues, queda demostrado que no es oro todo lo que brilla doradamente, ni todas las doradas se cocinan de igual modo en diversas condiciones climáticas. Esto es así. O no. Depende. A fin de cuentas, tres son los tránsitos por donde pasa el alma antes de ser iniciada en el misterio de la Eterna Madera. Yo, por ejemplo, estoy ahora escribiendo rodeado de libros, con mi copa de vino (medio vacía, medio llena), y el torso desnudo, apolíneo, dionisiaco. El anillo de Giges brilla en mi interior. Y de cada lámpara mágica, de cada sonido extasiado, de cada trueno, de cada relámpago, brota siempre para mí una rosa que yo te traigo a tu casa, que acerco a tu rostro, para que huelas la ambrosía única y paradisíaca del arte interrumpido en su propia elegancia. Yo, el Poeta.



Si quis inter vos videtur sapiens esse, stultus fiat, ut sis sapiens


    Escribir es tarea apta sólo para endemoniados. Yo conozco mi demonio: se llama Sabiduría. Por saber, y sólo por saber, recorro yo parajes inhóspitos, asciendo montañas, desciendo valles profundos, salto al interior de volcanes y me vierto sobre el centro de cada tormenta. Por saber. Pero, propiamente, ¿qué es lo que yo sé? ¿Por qué todo este estar-tan-seguro-de-lo-que-sé se vuelve de repente un vagabundear cabizbajo, un no-saber-nada, un sollozo nihilista á la Nietzsche? Si nada digno de ser probado merece ser probado, ¿qué es, en verdad, lo que yo sé? Comencemos por el contrario: ¿qué es lo que no sé? No sé qué quiero hacer mañana; y eso que siempre supe lo que quería hacer el resto de mi vida. No sé quién soy; pues jamás he tenido ninguna duda de que, en todo caso, lo que soy es único, insustituible, extraordinario. Pero hay violencia soterrada en todo este desengaño. Hay un odio gruñendo y codiciando. Es el odio a la mediocridad. Principio de toda sabiduría: el odio a la mediocridad. ¿Cómo saber si uno no resulta ser él mismo otro representante de la mediocridad? Porque nosotros los mejores nos repudiamos también a nosotros mismos cuando nos volvemos vulgares.



La belleza no es un pan


    Dicen los hados blancos que la clave del éxito de un libro radica en su frase inicial, y pues yo tengo fundadas dudas acerca de la posibilidad de reducir a fórmulas las claves del éxito de un libro, y aún más, aguerridas sospechas de que el éxito de un libro nada tiene que ver con el libro mismo y, a menudo, no sólo impide el libre acceso a dicho libro sino que incluso lo excluye. En la mente de todo escritor o artista se halla una suerte de germen incorruptible por su misma corrupta esencia que es la fertilidad hecha espíritu: ¿no resulta oportuno indagar en esa mente por el sólo placer de descubrir, de desollar? Nosotros, tú y yo, y esta cueva, erguidos como antiguos conquistadores, como los padres del drama, como héroes que cansados de tanta moralidad decidieron un día darse el gusto de transformase en dioses. Pero no hay ninguna garantía de éxito, ni claves para conseguirlo. Hay que arriesgarse uno mismo. Hay que darlo todo. Se hace preciso comenzar de nuevo.



Por ejemplo


    A mi padre y a mí nos encanta hablar de cine, nos sentamos frente al televisor y mientras da comienzo una película y comienzan a llover los títulos de crédito, nos preguntamos, el uno al otro, quién es el autor de esa música, en este caso de Ennio Morricone, y discutimos cuál es su mejor obra, mi padre asegura que la banda sonora de La muerte tenía un precio, pero yo discrepo, siento una especial debilidad por El hombre de la armónica, de Hasta que llegó su hora, y nos reímos de Charles Bronson, lo comparamos con Clint Eastwood, convenimos en la calidad de ese cineasta inesperado que es Eastwood, en la mayúscula sorpresa que representó Sin perdón, a mi juicio no tan sorpresiva debido a que ya desde niño sentí predilección por películas como Bird o El jinete pálido, no en vano contó con dos maestros a los que por cierto dedicó Sin perdón, Sergio Leone y Don Siegel, este último un auténtico profesional del cine en estado puro, imágenes, música y acción, aunque cine en estado puro pueda también considerarse, sin ir más lejos, La muerte en Venecia, yo todavía no he visto La caída de los dioses, me reservo el placer de hacerlo para más adelante, como ya hice con La muerte en Venecia, para disfrutar en grado sumo de esa sinfonía de imágenes que sólo Visconti, por motivos en parte obvios y en parte no tan obvios, podía componer, memorable la interpretación de Dick Bogarde como alter ego de Mahler según Mann, la escena de la muerte con el tinte negro resbalándole por la frente, la mano alzada, el niño hermafrodita contra la puesta de sol, acaso cine en estado puro sea también El Padrino, claro que a la americana, pero ¿puede el cine considerarse desligado de su naturaleza hollywoodiense?, ¿puede concebirse el arte de la cinematografía más allá de un Griffith (D. W.), de un Ford, de un Wilder, de un Hawks?, no, de ninguna manera, cine es cine norteamericano y lo demás son aledaños, incluso grandiosos aledaños, yo por ejemplo vengo pensando estos días que mi película favorita no es ya más El Padrino Parte II, sino Lawrence de Arabia, que David Lean tiene algo en su mirada que abarca, que totaliza, que encuentra espacios universales, que ansía, que no tiene prisa, que sabe adónde va y de dónde viene, y su cámara le sigue en esa especie de intensa sabiduría visual que todo lo aprehende en su lente incorruptible, el papel de Peter O’Toole comienza ahora, tras cinco o seis revisiones del film, a estremecerme, y ya van dos odas a la homosexualidad, nada que ver con el rigor masculino de un Al Pacino en Sea of love, o la quietud viril de un Anthony Hopkins en The remains of the day, pues no en vano afirmo que James Ivory es un director al que hay que prestar cuidada atención, comenzar una película con alma de porcelana al son de O mio babbino caro no es cualquier cosa, merece por de pronto una ovación, como la ya tan manida danza de la máquina en el espacio que Kubrick coreografió en su Odisea del espacio, Strauss que significa avestruz mira tú qué cosa, o el final majestuoso de Eyes wide shut, extraño legado, como extraña la música de Jocelyn Pook, raras músicas para momentos únicos, sonar de vasos con agua a diferentes niveles en Alguien voló sobre el nido del cuco, Milos Forman el errático en formas y contenidos, impactante llegada de Amadeus y posterior olvido intrascendente, impecable F. Murray Abraham, luego esfumado y apenas visible en Poderosa Afrodita, mención aparte merece Woody Allen, insistente, persistentemente neoyorquino, estas es mi ciudad favorita, y si no lo gusta, tengo otras, inevitablemente debía aparecer otro artista obsesionado con su ciudad, James Joyce, en Delitos y faltas, te habrán extrañado tantas referencias a Dublín, notable también la actuación de Martin Landau, Óscar al mejor actor secundario por Ed Wood, la obra maestra de Tim Burton, yo en segundo lugar me quedaría con Batman vuelve, qué genial aportación la de Danny de Vito, qué hermosa Michelle Pfeiffer, pero bellezas ha habido muchas, siempre las habrá, no digáis que, agotado su tesoro, de asuntos falta enmudeció la lira, Jessica Lange en la versión soporífera de King Kong,  Sharon Stone en la no tan mediocre Instinto básico, a brutal murder, a brilliant killer, a cop who can´t resist the danger, insuperable belleza la de Diane Lane en Infiel, tonta película, como tonto es general el cine de Adrian Lyne, excepto, quizá, Una proposición indecente, ¿te he dicho alguna vez que te quiero?, no, te quiero, ¿todavía?, siempre, hermosa también Elisabeth Sue en Leaving Las Vegas, ah, yo conocí a Mike Figgis en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, más bien lo vi, coincidimos, ¿qué le iba a decir?, hola, me encantó Leaving Las Vegas, y Lunes tormentoso, y Asuntos sucios, yo soy guionista, aspiro a ser cineasta y tal vez me convierta en el escritor más influyente del siglo XXI cuando me muera, también sé jugar a las chapas, absurdo, ganas de molestar, hay veces en las que es mejor dejar hacer, dejar pasar, la vida es una partida de póker al estilo de El golpe, brillante George Roy-Hill, irregular Dos hombres y un destino, en realidad, como director, casi prefiero a Paul Newman con El efecto de los rayos gamma sobre las margaritas a pesar de Robert Redford y su delicada Gente corriente, sin embargo tengo siempre muy presente a Donald Sutherland, uno de los mejores actores de la historia, a mi juicio, inolvidable su aparición en JFK, un acontecimiento no exento de cierta ironía desde el momento en que Oliver Stone no es precisamente el cineasta más honesto del planeta, aparto con gran reverencia Wall Street quizá por la lección de interpretación que ofrece Michael Douglas, cuya aparición en Traffic también me impresionó, como me ha impresionado toda la obra de Steven Sodderbergh, incluyendo la revisión de Solaris, más allá de Tarkovski, el cine ruso nunca me ha estremecido, ni siquiera el buen comunista Eisenstein, hay sin embargo un ruso al que merece la pena escuchar por encima de su espíritu de soviet, tan respetable en realidad que ni el mismo Stalin pudo deshacerse de él durante las famosas, reprobables, repugnantes, terroríficas purgas, Iliah Ehremburg, autor de un libro o panfleto que no puedo menos de recomendar, Fábrica de sueños, de allí el apodo dado comúnmente a la industria del cine, que ojalá algún día pueda llegar a ser no sólo e incluso no en absoluto industria, quizá con el cine digital, más barato, más inmediato, puedan algún día juntarse unos cuantos genios y hacer arte obras maestras verdaderas maravillas sin necesidad de dinero dinero dinero maldito sea el dinero cuando se interpone entre un hombre y su sueño (Tacker).




Estrategias de comunicación


    El diálogo en la pareja.[2] Tener amiguitas, enrollarse con tipas, tener ligues, de vez en cuando algo medio serio que se acaba en un tras, un día no se acaba, y sigue, y sigue y zas, novia, ahí está, no se va, continua, permanece, otra vez por la mañana se levanta a tu lado, ya van ¿cuánto?, un año, dos, pero ¿cómo ha sido esto?, ¿cómo no me he dado cuenta? Y que si no trabajas, y si trabajas que no ganas mucho, y si ganas mucho que por qué no ganas más, y que quién es esa con la que hablabas el otro día, y que si ya no me haces el amor como antes, las películas porno te gustan más que yo, qué has comido hoy, por qué no haces ejercicio, te pasas todo el día en el gimnasio, nunca me dices que me quieres, ya, que me quieres, eres un mentiroso, ya no me quieres como antes, ya no te gusto, ¿me queda bien esta ropa?, ya no me haces caso, no comas eso, no bebas tanto, no tomes drogas, no llegues tarde, siempre con tus amigotes, siempre pensando en tus amigotes, te pasas todo el día trabajando, eres un vago a ver si trabajas, nunca cumples tu palabra, no quieres ir a ningún sitio conmigo, lo que yo he hecho por ti, lo que me he arrastrado, Lo Que He Dejado Por Ti, La Cantidad De Oportunidades Que he Rechazado, ERES UN EGOÍSTA, SÓLO PIENSAS EN TI, HA LLEGADO LA HORA DE PENSAR EN MÍ, OJALÁ NO TE HUBIERA CONOCIDO NUNCA. Así que hago las maletas, me voy, para qué seguir, y al segundo pantalón que doblo se oye un gemido, meto el pantalón en la maleta, y el gemido se transforma en un sollozo, miro hacia la sala y ahí está sigue continúa permanece LLORANDO oye por favor qué pasa, no llores, ya me voy, quédate tranquila, ¿lo ves?, no me quieres, lo que quieres es largarte, pero si me acabas de decir que ojalá no me hubieras conocido nunca, ya, cualquier excusa es buena, a la primera de cambio te piras, lo sabía, lo sabía, pero si yo no me quería ir, ¿ah, no?, ¡si estás haciendo las maletas!, vete, vete, esto ya no tiene vuelta atrás, ¡desgraciado!, y ale, se va, sigo haciendo a la maleta, tercer gayumbo arrojado al saco, todo en silencio, truenos en la calle, coches que pasan, vecinos gritando en una fiesta, cuarto calzoncillo y vuelta a empezar, llega hasta mí, me abraza, llora, me suplica, no, por favor, no te vayas, lo siento, no, creo que es lo mejor, yo te quiero, pero es mejor que me vaya, no por favor, no lo hagas, te lo ruego, yo te amo, ¡pero si yo también te quiero, yo nunca me quise marchar! Te quiero, te quiero, vida mía, muac. Besito, besazo, lenguas, abrazos, ropa al piso, sexo dulce, luego duro, orgasmo intenso, y a sobar. ¡Zas!
    Claro que hay otra cara de la moneda. Lo que pasa es que es más cara. Cuesta más. Es muuuuucho más costosa. Yo me he acostumbrado a recibir, pues ella da, se entrega, lo da todo, sin dudas, sin miedos, de una, toma y ya. Y uno, que es medio bruto, se acostumbra. Se cree que todo es recibir. Parece que el mundo está aquí solamente para darle a uno lo que necesita. Y de repente, plaf, no sólo no es así, sino que se descubre que el mundo está aquí más bien para quitarle a uno cuanto pueda y cuanto más mejor, y que únicamente ella y sólo ella, quizá además de tu madre y si tienes mucha suerte de tu padre, era la única que te daba, sin pedir nada a cambio, por el placer de dar, por la necesidad de dar, y abajo en el contrato la letra pequeña que decía: “Yo te doy, tú sólo por favor recibe, y prométeme que siempre te voy a poder dar”. Difícil promesa. A todo hombre la palabra “siempre” le suena a hueco, a falso, a improbable, a ¡venga coño!, y huye del siempre como nunca había huido de nada en su vida, ¡pero hacia atrás! Hombre o cangrejo: ¿qué eres tú, mi argonauta querido de mi alma y de mi coração, hombre, mujer, o mar?



En busca del tiempo encontrado


    Anhelar tiempos pasados… qué raro divagar. ¿Por qué no anhelar nuevos tiempos, irreales, quizá imposibles, pero ya, en cuanto pensados, una breve delgada dulce posibilidad? Soñar. Soñar es la gran espada que se cierne sobre las piedras. Y amar. Amar no es un regalo, es un derecho un privilegio un honor una verdad. Amar es también rozar las nubes con los dedos. Amar es no tener que decir nunca perdona disculpa. Amar tiempos pasados… qué extraño despreciar. ¿Por qué no amar el hoy presente el ahora inmediato y, si acaso, el futuro certero? ¿Por qué no disipar las dudas y decir sí muy calladamente y en silencio? Decir sí con el cuerpo, con la boca, con los ojos, decir sí y hacer amar. Confiar. Dejarse mostrar sin la necesidad de demostrar. Dejarse vencer sin el apremio de convencer. Y navegar. Elegir una Ítaca cualquiera con el cuerpo, con la boca, con los ojos, y poner rumbo a la propia vida con una amplia sonrisa dibujada en el rostro. No hay que tenerle miedo a las palabras. Las palabras son aire, y van al aire. Los cuerpos son de tierra, y van al mar. Cuando la poesía ya no es suficiente, dime, mujer, ¿sabes tú el poeta a dónde hostias se va? Yo he visto a hombres caminar de espaldas a la tierra y perderse en un banco de sal. Yo he visto a hombres crecer hacia abajo y hacerse tan pequeños como una miga de pan. Yo, que tanto he visto, no he visto aún sin embargo al hombre enorgullecerse de su espanto y, de una vez por todas, saltar.
    ¿Pero saltar hacia dónde? ¿Hacia el amor? ¿Hacia la alborada? ¿Hacia el final de la escapada? ¿Hacia lo oscuro intrascendente? ¿Hacia lo brillante deslumbrante? ¿Hacia lo roto irrompible? ¿Hacia el infinito? ¿Hacia el Absoluto? Lo que ahora toca es volar. Lo está pidiendo el aire a cada instante. Toca elevarse sin miedo ni destino prefijado y, simplemente, gozar. Estamos en camino. Llegará el día —te lo juro por Snoopy— en que ya no sea necesario suplicar. Lo inaudito nos será dado y no quedarán más excusas, sino cuevas, como esta cueva en la que tú, y yo, en este instante nos dirimimos buscando una salida que, acaso, nunca lleguemos a encontrar. Pero ¡qué demonios! Caminar aquí, contigo, es un auténtico placer, y yo, por mi parte, no tengo ninguna prisa en acabar. Todo se acaba, en todo caso, al final.



Arabescos


    Mi otra gran pasión es la pintura. A menudo he tratado, sin éxito, de escribir sobre mis cuadros más amados. Pero nunca me ha satisfecho el resultado obtenido. Siempre, de una forma u otra, me ha quedado un amargo sabor de boca, como si lo que estaba intentando fuera, en realidad, imposible de lograr. ¿Describir un cuadro? ¿Trasladar experiencias estéticas? ¿Evocar? Craso error. Lo así expresado, expresado de nuevo en otra fórmula, ya no es igual. Por ello, amo las palabras. Las palabras que quedan, surcan, hieren, zarandean. Cuando tocan el alma, que no es sino otra palabra más. Y purifican. Hablar purifica. Escribir vuelve santas las palabras. Y toda virtud, antes de ser realizada, debe ser dicha, escrita, pensada. Nosotros los hombres somos los seres que transitamos en la palabra. Nosotros tenemos la oportunidad de correr el velo y hacer de la vida una gloria transitaria. A través del arte, a través de la palabra. Así entiendo yo El origen de la vida, de Courbet. Como un gran discurso donde la lengua es un pincel y las palabras, manchas. Así entiendo las Ninfeas, de Monet. Y las guitarras de Picasso. Y los exultantes puertos de mar de Claudio Lorena. Y los cuerpos cenicientos de David. Y las inasequibles gestualidades de Leonardo. Y las frutas rebosantes de Cezanne. Y los encuentros inesperados de Magritte. Y las luminosas sombras del Caravaggio. Y los poemas instantáneos de Toulouse. Y Las Meninas, de Picasso. Y Las Meninas de Velázquez. Y los silencios de Mondrian. Y los gritos de Kandinsky. Y los jardines de Rusiñol el olvidado poeta. Y los enigmas de Odilon-Redon. Y los detalles del viejo Brueghel. Y, por encima de todo, las atmósferas de Vermeer, el más delicado escritor de formas que haya pisado jamás un lienzo.
    Y así, sempiternamente, podría yo seguir. Pero de fijo es eso algo que ya estás haciendo tú, mi argonauta hermano, pintando con tu mente las palabras que yo olvido y dibujando sin temor tus propios y tus solos caminos.



La huida de las montañas de la locura
y el subsiguiente retorno a la locura de la montaña
(La pesadilla que se muerde la cola)


    Primer imperativo del espíritu: hay que regresar al sexo. Como resulta imposible negar lo que uno es, y deshacer el camino resulta por cierto aún más arduo que asfaltarlo, más nos vale a ti y a mí —pero cuidado, no te emociones, por muy solos que estemos en esta insinuante cueva— inventar un nuevo sentido para el sexo. Ser solamente animal no vale ya; y ser solamente lujuria es peligroso en todos los sentidos, incluidos los nuevos. ¿Qué tal la libertad? Haz, pon, pide, disfruta y haz disfrutar. Pero siempre libremente, ésa es mi verdad. Más de un violador hay que en realidad se violó a sí mismo sin saberlo. No. Por la fuerza no. Mejor libremente: aprende a conquistar. Pero cuidado: más de un poeta se creyó que con la palabra era suficiente, y acabó descerrajándose un tiro en la sien al descubrir que no sabía más que hablar.[3] Dejad que la mujer os guíe dejándose guiar: ésta es mi verdad. La mujer es siempre más sí misma que el hombre, y el hombre es solamente hombre cuando lo invitan a actuar. Mirad bien. La mujer es toda ella un invitación a entrar. Cuidadme a las mujeres. Es típico de los inseguros llevar el látigo consigo allí donde no saben qué es lo que va a pasar. Sed dulces. Cariñosos. Comprensivos. Dejad que salga el animal. La bestia no es agresiva. Lo que es, lo es porque no puede serlo de otro modo. Vosotros, que también sois bestias, tenéis sin embargo una oportunidad. Dejad que os guíe la libertad. Hacer, poner, pedir, disfrutar… todo ello debe ser naturalmente. Cuidadme a las mujeres, y así ellas también os cuidarán. Dejad que ruja y gima y gruña el animal. Suaves melodías habréis de descubrir en vuestra bestia, y ella y vuestra mujer os lo agradecerán. Sin miedo. Sin culpa. Sin reproches. Amad carnalmente, amad.







[1] “Finally, it may be well to recall once more a few points that are of special importance for Nietzsche’s later thought. He accepted Darwin’s doctrine concerning the lack of any cardinal distinction between man and animals as incontrovertible empirical fact and tried to counter this “deadly” gospel with the new, Nietzschean, assertion that man can rise above the beasts”.

[2] Por qué cuando uno habla el otro no entiende absolutamente nada, doctora Anaís Perdonadisculpa, Editorial Ayuda y Dislocación, 2003, San Sabadell de Guisolls.

[3] What is a poet? What is he worth? What does he do? He is a bubbler.








Erario de Luces Muertas, 10.




10.

Canción del alma



    Traes en la mejilla pétalos como rombos indefensos:
estás llorando, niña oculta, llorándote de mí,
porque me tienes, y no me tienes,
porque viniste ayer, cuando aún te quería.

    No te muestres, ocúltate, no permitas
que te vea como eres, sino como sueñas,
alma mía, niña oculta, llanto en la negrura.
Extiende la marea que me robas, el pulso
de este quererte y no quererte,
de esta fiebre que me hiela con la escarcha del silencio.
Enférmame, te lo suplico
que eres inspiración y yo quiero expirarte,
que no me importa ya morir siendo testigo
de tu marcha al mundo donde nada, ni siquiera yo, te encierra.

    Vete; vete o quémame para siempre.
No seas en mí pero sin ser conmigo,
no te muestres así, trayendo en la mejilla

pétalos como rombos indefensos.




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